Se triplican los grandes incendios forestales en España en lo que va del año
Entre enero y mediados de julio se registraron 18 grandes incendios, tres veces más que en el mismo período del año pasado, con una superficie quemada que también se multiplicó. El dato alerta sobre el impacto del cambio climático y la sequía en los ecosistemas mediterráneos.
Los números son elocuentes y preocupantes: entre el 1 de enero y el 15 de julio de este año se registraron en España 18 grandes incendios forestales, es decir, aquellos que superan las 500 hectáreas. La cifra triplica los 6 eventos de la misma magnitud ocurridos en el mismo lapso del año anterior, según datos recopilados por EFE Verde.
Este aumento no solo se mide en cantidad de focos. La superficie total afectada por el fuego también se ha multiplicado de manera significativa, consolidando un panorama que ya había sido crítico en 2025, señalado como el segundo peor año de la serie histórica en cuanto a hectáreas quemadas.
Los grandes incendios no son solo eventos aislados; representan una transformación profunda de los paisajes. Cuando un fuego supera esa barrera de las 500 hectáreas, suele escapar al control inicial de los brigadistas y genera impactos ecológicos de largo plazo: pérdida de suelo fértil, liberación masiva de carbono a la atmósfera y dificultad para la regeneración natural de la vegetación autóctona.
Expertos en ecología del fuego vienen advirtiendo desde hace años que el régimen de incendios en la península ibérica está cambiando. Veranos más largos, olas de calor más intensas y períodos de sequía prolongados crean condiciones ideales para que cualquier chispa —ya sea por causa humana o natural— se convierta en un monstruo difícil de dominar.
En el contexto argentino, aunque los ecosistemas son distintos, el fenómeno resuena. Nuestros humedales, el Chaco y la Patagonia también enfrentan temporadas de fuego cada vez más agresivas. Lo que ocurre en el Mediterráneo funciona como un laboratorio a cielo abierto sobre cómo el cambio climático reconfigura los riesgos en territorios con vegetación adaptada históricamente al fuego, pero no a esta nueva intensidad.
La clave, según los especialistas, no pasa solo por apagar fuegos cuando ya están descontrolados. Es necesario trabajar en la prevención: gestión del combustible en los bosques, recuperación de paisajes rurales abandonados, educación ambiental y, sobre todo, reducir las emisiones que alimentan el calentamiento global.
Cada hectárea que se quema hoy representa una pérdida de biodiversidad que tardará décadas en recuperarse. Pero también es una oportunidad para repensar cómo convivimos con estos ecosistemas. La regeneración después del fuego puede ser una ventana para restaurar con especies nativas más resilientes, siempre que se acompañe con políticas coherentes a largo plazo.
El dato de España, publicado por EFE Verde, sirve como alerta temprana para el hemisferio sur, que se acerca a su propia temporada crítica de incendios. Observar, aprender y actuar antes de que las llamas vuelvan a multiplicarse es la única estrategia sensata.